Eso dice este (des)gobierno que le encanta decir que la culpa no es por sus políticas erradas, no es por culpa de su gasto excesivo, no es por culpa de su falta de gestión, no es culpa de su inoperancia.

La culpa es de los ricos, de la partidocracia, de los pelucones, de quien sea, menos de ellos.

Manuel Gómez Lecaro en su artículo “El hombre de la camioneta“, lo pone muy claro con un ejemplo:

El otro día veía tranquilamente un noticiario en la tele [...] presentaban un reportaje sobre el reciente paro de transportes en Quito. De repente, aparece un señor subiéndose al balde de una camioneta a falta de transporte público. El hombre mira la cámara y dice “por culpa de los pelucones”.

En ese hombre, esa escena, esa frase, está de alguna forma ilustrado el mal que este Gobierno y este Presidente le hacen al país contagiando su odio a la riqueza y sus resentimientos. ¿Qué tienen que ver los pelucones de Correa con este paro de transportistas? Obviamente nada. Y de eso se trata para el Gobierno. Tener siempre a quien echar la culpa.

Es esto lo que queremos los ecuatorianos? dividirnos? odiarnos?. Nuestro Presidente en cada aparición que hace solo se dedica a hacer esto, a decir cosas que incrementan la división, el odio, el resentimiento.

Yo no quiero vivir en un país así. Si se aprueba el proyecto de Constitución, no hay garantías para desarrollarse en libertad en Ecuador. Lamentablemente los proyectos que quiero emprender aquí se verán truncados.

No pierdo la esperanza que estas pocas semanas que faltan para la consulta, tomemos conciencia y meditemos el voto y pesemos los beneficios y las desventajas del proyecto de Montecristi. Ojalá nos demos cuenta de todo el daño que este proyecto nos va a causar.

La vida, la libertad y la propiedad se ven comprometidas con este proyecto, si no tenemos eso, no tenemos nada.