Este artículo puede resultar contradictorio a todo lo que usted lector ha visto y está por ver a lo largo de estos meses en las páginas de las publicaciones enfocadas a la Navidad.
Cada foto, cada detalle le incitan a adquirir todos y cada uno de los artículos que se comercian en los diferentes establecimientos comerciales de la ciudad.
La pregunta es, ¿los necesita? Si la respuesta es sí, entonces, ¡adelante hágalo suyo!; si lo dudó, es porque no lo necesita, no lo piense más, no se embarque con un artículo y una deuda que no necesita.
Alguna vez alguien muy sabio me dijo que el ingreso que uno tiene debe dividirse en tres: una parte para los gastos corrientes, otra para ahorrarla y una última para invertirla. Esto quiere decir, que nuestros gastos no pueden ser excesivos, que debemos prevenir para el futuro y lo mejor que podemos hacer es invertir en nosotros mismos (más educación, mejorar nuestra salud) ya que esto último nos permitirá valer más y poder tener la posibilidad de mayores oportunidades de aumentar nuestros ingresos.
Si llevamos a lo largo del año este axioma de gasto-ahorro-inversión, tendremos suficientes recursos para utilizarlos de la forma que se crea más conveniente en cualquier época del año. Si nuestra economía personal se basara solo en el gasto, hay el riesgo de no poder solventar gastos no corrientes que se puedan presentar. Es por esto que el ahorro es tan importante.
Existe la mala concepción que Navidad es solo regalos y que se debe dar presentes a diestra y siniestra a la familia, amigos, colegas y demás. Si no hemos logrado ahorrar durante el año los suficientes recursos para convertirnos en Santa Claus, nos podemos enfrentar a un serio problema de liquidez, lo cual para salir del apuro y seguir con el espíritu navideño puede llevar al uso indiscriminado de las tarjetas de crédito.
Como las tarjetas de crédito cada vez más flexibilizan sus formas de pago (periodos de gracia, diferidos de más de 12 meses, pagos mínimos) su uso se vuelve atractivo pero a la vez peligroso. Un uso descontrolado de las tarjetas de crédito puede llevar a algún momento a que sus cuotas de pago de tarjeta más sus gastos recurrentes superen a sus ingresos y si no está preparado con ahorros para cubrir estos gastos festivos, la fiesta terminó.
No es mi intención que usted en esta Navidad se transforme en el Grinch, sino mas bien, que antes de hacer la lista de regalos, haga una suma y resta de sus ingresos y gastos, si le queda un excedente o fue precavido y durante todo el año logró ahorrar para estas fiestas, pues diviértase comprando, caso contrario, el mejor regalo de Navidad que se puede hacer usted y que le puede dar a los suyos, es empezar a planificar para el siguiente año y aplicar el axioma que le propongo.